Dejé Delhi a las 7.30 de la mañana, jamás pensé que dejar
atrás esta ciudad iba a ser duro. En mis viajes, Delhi siempre ha sido un lugar
de paso en el que he intentado pasar el menos tiempo posible. Ruido,
contaminación, coches, rickshaws y gente por todos lados. Pero cuando pasas
unos días y vives la ciudad descubres la danza que se oculta en ese caos organizado.
Ahora estoy en un tren camino a Goa, llevo 27
horas subida en este enorme gusano metálico y aún me quedan otras siete horas
más.
Mi idea era ir a Bangkok desde Delhi y hacer algunas compras más antes de
volver. Una vez más he cambiado mis planes sobre la marcha. He ido dejando a mi
intuición que marcase el viaje y los planes iniciales se han quedado en eso,
algo inicial que ha ido cambiando.
He estado recordando las últimas semanas del viaje y haciendo
listas mentales de todos los momentos vividos, no he podido evitar sonreír y
estar enormemente agradecida a la vida por todos esos recuerdos que ya son
parte de mi vida, que se han pegado a las células de mi cuerpo, a mi sangre y
que se pasean por mi cerebro y mi corazón.
Cada lugar me ha regalado algo, instantes maravillosos,
otras veces difíciles y duros. Conversaciones, miradas, saludos… segundos que
han sido eternos y días que han sido segundos, y es que el tiempo corre
distinto aquí y juega caprichoso con el reloj, engañando a la idea que sobre él
tenemos en nuestro cerebro. La subjetividad del tiempo tiene más sentido aquí
que en ningún sitio.
Aterricé en Delhi hace 54 días,
subí a Jammu después a Srinagar, de allí a Leh, continué en Manali y volví a
Delhi. En esta frase circular se resumen mil experiencias, personas, colores,
viajes, risas, lágrimas, paisajes… la piel se me eriza cuando todas esas
imágenes se mezclan en mi cabeza, se agolpan y desordenan en un caos
organizado… como el ritmo de Delhi.
No he escrito ningún post sobre
Leh, Nagar, Thiksey, Manali… pero he colgado algunas fotos en facebook.
Manali es espectacular. La tranquilidad y belleza de Old Manali contrastan con la ruidosa y desordenada New Manali y ambas están unidas por un hermoso parque natural que se recorre en quince minutos y que ha sido uno de los mejores paseos del viaje.
En mi lista de momentos viene a mi mente mi preciosa habitación y sus vistas, el Lazy dog, el People y sus dibujos, los paseos bajo la lluvia, la tarta de chocolate de la German Bakery…
Contraté un magnifico autobús
para ir desde Manali a Delhi, limpio, confortable y con un asiento en primera
fila. El primer transporte cómodo que tuve desde el comienzo de mis andanzas.
La alegría duro sólo unas 6 horas, a mitad de camino el flamante bus decidió
parar y tuve que esperar en la carretera a que nos recogiera un autobús local.
10 horas más hasta Delhi viajando en esta cafetera vieja, aún así tuve suerte y pude sentarme junto a una ventana.
Los últimos días en Delhi han
sido sencillamente maravillosos.
Swati y Deepesh me invitaron a
cenar a su casa, la experiencia de estar en una casa india es única. Pude
charlar de mil cosas con ellos y disfrutar de su hospitalidad.
He estado comprando mil cosas en
mercados y pequeñas tiendas. El ritual de la compra aquí no tiene nada que ver
con el nuestro, especialmente cuando compras en mayores cantidades; observar al
vendedor y sus primeras frases, tratar de adivinar su personalidad y la mejor
manera de iniciar la negociación, conversar sobre viajes, familia y nuestros
países, sentarse, tomar un chai y empezar el regateo. Esto es todo un arte,
tienes que bailar con las cifras y conseguir llegar a un punto de acuerdo, en
el que ambas partes estén cómodas. He pasado muchas horas en tiendas y he
aprendido mucho en estos espacios pequeños con desconocidos que se convertían
en socios y con muchos, muchos chais.
He mantenido la filosofía de mi
proyecto en cada compra; hacerlo en negocios familiares o tiendas pequeñas,
eligiendo cada pieza una a una y seleccionando aquello que realmente me
gustaba. Si quiero que cada artículo tenga corazón, tiene que tenerlo desde el
primer momento que llega a mis manos hasta que llegue a las de las personas que
los compren.
Mi habitación de hotel en Delhi,
se fue llenando de bolsas y más bolsas hasta que llamé a la empresa que he
contratado aquí para que me haga el envío y los trámites de aduanas. Todo esto
para mi es nuevo y es una aventura…
El día siguiente al que recogieron
los paquetes, fui a la oficina donde estaban para casar facturas con artículos.
Interesante ver otra parte de Delhi, la zona de negocios, donde se mezclan
modernos edificios y ejecutivos con maletín, con vacas y puestos callejeros de samosas
y chais. Encontrar el edificio fue un poco pesadilla, pero lo conseguí.
Paquetes empaquetados y listos para ir al aeropuerto.
De eso tampoco me libre, al
siguiente día tuve que ir al aeropuerto para hacer el papeleo de aduanas. Seis
infernales horas yendo de un sitio a otro, pasando un sofocante calor en la
calle y pelándome de frío en el interior de los edificios. Estuve algunas horas
esperando en una sala, rodeada de indios con maletines y montones de papeles.
No sólo era la única mujer allí, también la única persona extranjera, si
hubiera sido verde con seis brazos y cuatro ojos hubiera sido igual de extraña
en aquel ambiente, me tuve que acostumbrar a ser el centro de las miradas.
Vi
las naves del aeropuerto donde se amontonan cajas con destino a mil países
distintos, vi el estricto proceso de control de la mercancía, los montones de
representantes de compañías moviéndose de un lugar a otro con papeles, los
camiones cargando y descargando y vi mis cajas, pequeñas, en medio de aquel
gigante y esperando asustadas a que alguien les diera permiso para embarcar.
¡¡Seis infernales horas y por fin los trámites hechos!!
Pero no todo han sido compras y
trámites, Delhi me ha regalado miles de instantes maravillosos, sonrisas,
cervezas en los restaurantes de las azoteas, deliciosas pomegranates,
conversaciones, risas, dulces indios, namastés… y aquí he descubierto que soy
un cacahuete J
See you soon.